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Al menos los futbolistas no nos dan patadas

Eso es lo que pienso yo que deben de decirse algunos niños palestinos de ambos sexos y sus papás y abuelos que se benefician de las escuelas de deporte, 11 de ellas, que sostiene la Fundación del Real Madrid en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina -UNRWA, en sus siglas en inglés-, refugiados, recordemos, causados por las propias Naciones Unidas cuando, contra derecho, dispuso de un territorio que no era suyo para regalarlo (repartirlo, dijeron entonces) a su guisa y ocasionó el desplazamiento, en medio del terror, de gran parte de la población palestina, que se fue incrementando después con nuevas conquistas del otro “beneficiario” del reparto, a saber, el estado de Israel.

Y ahí siguen esos refugiados más de medio siglo después, “como parias que el destino se empeñó en deshacer”, que dice el tango, y ahí sigue el UNRWA, cada vez más paria él mismo y cada vez con menos fondos de esas Naciones Unidas que se estrenaron partiendo una que ni siquiera era nación y que sigue sin serlo.

Pero no entremos en eso que es de mal tono, tan de mal tono que una, que no es forofa precisamente del Real Madrid ni lo ha sido nunca, porque suele inclinarse más por los de abajo que por los de arriba, pues cuando una, digo, se enteró, por uno de los críos futboleros de la familia de algo que hacía el Real Madrid con los refugiados de Palestina, aguzó la oreja a ver de qué iba eso. Y así, y con la bendita internet, se enteró de que desde 2010 la Fundación del Real Madrid sostiene esas 11 escuelas de deporte, cinco en la franja de Gaza (el campo de concentración más poblado del mundo) y 6 en Cisjordania (que tampoco está mal como calvario), sosteniendo la formación deportiva, los valores sociales y la igualdad de género, es decir fútbol y deporte para  niños y niñas por igual. Y una, que es “de abajera” y no de seguir a los grandes triunfadores, quizás en un exceso de sentimentalidad o quizás con la sentimentalidad justa, se ha sentido conmovida: He ahí un equipo de fútbol que es una “leyenda”, cuyo nombre conoce absolutamente toda la chiquillería del mundo, que repiten como si fuera un mantra; alguien en la cima del prestigio y la aclamación popular (también en contra, por supuesto, todos sabemos lo que es la hinchada futbolera) y que se presta a “pringarse” con los parias, a jugar con los parias, a hacer a esas criaturas parias, a esos padres parias deprimidos y despreciados y tildados casi matemáticamente de terroristas, a hacer a todos ellos un regalo de alegría, de amistad, de valentía, sí, de valentía, porque no es precisamente el pringarse con palestinos lo que baña en oro hoy en día sino todo lo contrario.

Una se alegra por los niños palestinos, por sus padres parias, por sus abuelos parias, porque en medio de la desolación por delante y por detrás, por encima y por debajo que los cerca y los quiere sofocar, alguien de prestigio, un nombre aplaudido, un equipo de fábula, juega con ellos, da patadas con ellos a un balón y no a ellos… sí un rayo de sol en medio de la hosquedad de un destino.

Por eso, una, que nunca ha sido del Real Madrid, que probablemente no lo será, que es crítica de los excesos deportivos y futboleros, que además es “de abajera” de toda la vida por vocación e inclinación, en este caso, como manda la justicia y la compasión, quiere decir y dice: ¡Hala Madrid! Ese palco de honor del Santiago Bernabéu pocas veces habrá sido tan de honor como cuando lo ocuparon los firmantes del acuerdo de colaboración para tender una mano a los parias de hoy a los que es incluso de mal gusto tener simpatía y tratar humanamente.

De manera que, aparte de la compasión -o de los intereses, que no faltará quien piense que los hay y ni me importa siquiera en esta coyuntura que los haya o no-, pues aparte de todo eso, al ¡Hala Madrid! que ya he dicho, tengo que añadir ¡Hala, valientes, y con muchos balones!

14 de junio de 2014

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