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Egipto- Libras a barisa

Aún creo recordar que, en tiempos, la barisa era la fracción monetaria más pequeña que circulaba en Egipto. Y, como voy a hablar, yo también, de lo que parece ser que ocurre allí ahora, pues me permito transformar nuestros “duros a peseta” en libras a barisa que, aparte de sonar bonito, nos sitúa.

En cuanto a lo que se ha dicho reiteradamente estos días en el sentido de que el ejército es lo peor y el peor garante de la democracia, vamos, que lo que garantizaría sería justo lo contrario, empezaré diciendo que ni el ejército es garante ni nadie es garante de nada para nadie por su cara bonita. Una pensaría que tener que aclarar eso a estas alturas sería ocioso, como el tener que recordar que nadie da duros a peseta, en nuestro caso, libras a barisa, si puede no darlos. Mayormente los que están en situación de poder no darlos siempre son los que tienen la fuerza, de las armas o del dinero o de otra cosa, aunque en última instancia, si alguien tiene más armas que nadie, siempre puede recurrir a ellas para acabar la discusión.

Eso sentado y en honor a la verdad hay que dejar constancia de que fue el ejército egipcio el que en 1952 sacó al país de la órbita semicolonial y de un régimen que parecía de vodevil, o así se lo pintaba, e instauró una democracia. Y digo “una”, porque, salvo la suiza, ninguna democracia, desde mi punto de vista, es  democracia. Todas son “unas” “democracias”. Casi todas (y no insisto en el “casi”) entrecomilladas.

Lo que es cierto es que, hasta la muerte de Naser, Egipto sí tuvo el presidente y el gobierno que muy abrumadoramente quería y, durante un tiempo, también con Sadaat. De manera que no es siempre el ejército el enemigo del pueblo y no necesariamente es siempre el PEOR enemigo del pueblo.

Que bajo Morsi, en un año, según se me dice, el país haya estado yendo de mal en peor a mayor velocidad de lo que nadie pueda recordar es todo un logro y el pueblo egipcio ha quedado completamente satisfecho con lo ya logrado y, al parecer, no quiere más. El “golpe”, por más que no se quiera reconocer, ha sido consensuado entre todos los que no son el partido de Morsi. El ejército no se lanzó por las buenas y por su cuenta sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Eso hay que decirlo también. Si, de todas formas, lo hubiera hecho por su cuenta y sin consenso, eso no lo sé y, aunque la pasión quiera pintar al ejército como el malo por antonomasia, tampoco sé si alguien lo sabe. Lo que sí creo saber es que, aunque Morsi hubiera seguido en el poder, lo que no hubiera conseguido nunca es quitarle el poder de facto al ejército. Ni Morsi ni nadie. De manera que eso de dejar de lado al ejército no es posible y mientras el ejército siga teniendo la importancia que tiene ahora, no me parece tampoco que sea aconsejable. Lo que existe cuanto más se vea mejor, porque, como invisible, siempre podrá hacer más daño que como visible.

Pero se habla de garantes y de que el ejército no lo puede ser. Pues bien, yo opino que el garante no de la “democracia” sino de la mejor opción que para ellos mismos puedan tener los egipcios en este momento –probablemente en todos los momentos, pero desde luego en éste-  no va a ser el ejército ni ningún salvador del extranjero, va a ser la propia gente egipcia, de la que, también hay que decirlo, el ejército igualmente es parte, como lo son los Hermanos Musulmanes. Y no hay otra. Que, repito, nadie da libras a barisa, tampoco los que se sirven de la palabra “Dios” para auparse o mantenerse en el poder.

Si la gente actúa con criterio, lo que parece más probable es que el ejército salve sus muebles y la deje hacer, llevándose SU tajada, que será seguramente bastante grande y buena. Y eso sin olvidar, que se olvida mucho, que, de todas formas no es el ejército la mayor hipoteca de Egipto, de Siria, de ex Libia o de cualquiera de los países en parecidas circunstancias. Todos sabemos cuál es esa hipoteca que pesa sobre ellos y esa hipoteca se la estaban cobrando sus ejecutores a base de bien con Morsi, necesitado de mantenerse y consolidarse y vislumbrando por fin la posibilidad de plasmar la visión o visiones políticas de los Hermanos Musulmanes. Esa hipoteca, los hipotecarios se la van a cobrar con cualquiera que esté en el poder mientras puedan. Porque, por la cara bonita, lo remacho, nadie regala nada y el Imperio no sólo no regala sino que ROBA, ATRACA, MATA, DESTRUYE, ASOLA, sin compunción ninguna y con una doblez e hipocresía indisimuladas, algo que parece contradictorio pero que no lo es.

Si no se está obcecado por una visión dualista de estos son los buenos y estos los malos, convertidos todos en caricatura, y por el contrario se piensa con coherencia, no hay motivo para no creer que el ejército egipcio, mientras siga siendo egipcio y tenga cohesión, podrá ser lo que sea pero, si roba, robará para (SU) Egipto y no para el Imperio y, si puede detentar poder, lo detentará para sí, no para el Imperio. Al imperio le pagará lo que no tenga más remedio que pagarle porque, si nadie da duros a peseta, tampoco los ejércitos. Los ejércitos lo darán mientras no puedan no darlo y sigan teniendo su interés propio. Pensar que el ejército egipcio es tonto de caerse y lame el trasero de alguien por el gusto de lamerlo es absurdo y yo diría incluso que denota racismo y, si se cree eso, ha de demostrarse con alguna prueba. Normalmente, quienes dicen eso, se olvidan, porque es muy cómodo olvidarse y porque recordarlo es muy amargo, de lo que hemos dicho antes, de que Egipto tiene una hipoteca, lo mismo que el Líbano, lo mismo que Siria, lo mismo que Jordania, lo mismo que todos los estados de la región en medio de la cual el Imperio Británico incrustó el cáncer que es el estado sionista, precisamente para enfermar y matar a esa región. Por otra parte, desde el punto de vista interno, al ejército no le interesa tener muchos frentes, con el externo le basta y le sobra.

Las fuerzas de Interior, que según tengo entendido, están principalmente en manos del los partidarios de los Hermanos Musulmanes, han hecho dejación todo este tiempo de sus funciones, con lo que se ha empleado la violación de mujeres manifestantes como arma política de terror sin que las fuerzas de seguridad se molestaran en intervenir y menos todavía dar un escarmiento. Que el ejército no esté formado por ángeles no hace que los de Morsi o cualesquiera otros lo sean ni siquiera un poquito. Al menos han demostrado una de dos: o ser capaces de consentir algo tan abyecto o ser incapaces de impedirlo. Cualquiera de las dos cosas resulta en incumplimiento. El que las egipcias no se hayan arredrado ante ese terror, que a mí, sólo de pensarlo, me enferma, demuestra que han entendido el juego y que son muy valientes.

Con lo que volvemos a lo del principio, que nadie es garante de nada. No hay garantes. Es así de sencillo. Si no se entiende eso, no se va a ninguna parte. Quien quiera ganar algo va a tener que buscárselo, va a tener que jugarse algo y seguramente perder algo para ganar algo y se ganará lo que se puede ganar, que es muy poco, porque lo que hay en contra es demasiado abrumador y no lo menos de ello la amenaza de la guerra perpetua con el “vecino” ocupante de Palestina, que, tampoco olvidemos, tiene a todo el Imperio dispuesto a sacarle de cualquier apurito en sus aventuras de agresión, que eso precisamente fue lo que llevó al tratado con Carter, la seguridad de que, de no agarrar esa oportunidad, la guerra sería perpetua. Todas esas implicaciones no se pueden tratar como si no existiesen o no estuvieran vigentes o no fueran nada, porque existen, son de vida o muerte y nadie va a mostrar piedad ni de momento van a dejar de existir.

Eso es lo que está en juego. El ejército lo sabe y la moralidad y sentido último del patriotismo que pueda haber en el ejército no lo sabemos. No lo sabe nadie y ni siquiera lo sabrá el propio ejército porque, en una colectividad, siempre hay para todo y siempre la cara que se pone obedece a una mezcla de creencia y de interés, que puede ser en el porcentaje que sea, probablemente muchísimo más de interés que de ideales cuando la situación es como la presente, de estancamiento y pudrimiento porque no hay visos de que la amenaza de guerra perpetua ante la desobediencia vaya a ceder. Es algo que con gran pena he podido observar en Egipto cuando he estado las últimas veces. Yo conocí un Egipto en el que la gente tenía aspiraciones no monetarias sino humanas. Quería saber, progresar, aprender, ser mejor, lo que se ha dicho siempre que es tener ideales. ¿Qué es una persona, una sociedad sin ideales? La paz hipotecada y el materialismo que reina en todo el mundo propulsado por todos los medios de comunicación y que está en todos los ambientes también ha prendido en Egipto, con el agravante de que ese materialismo no lo ha hecho rico y sí frustrado porque, si todas las aspiraciones son materiales, todas quedan insatisfechas, salvo para las clases pudientes. Es inevitable que los que pueden se acomoden a esa situación, se “aburguesen” en algún sentido y procuren que por lo menos ellos mismos vivan lo mejor posible. El desgaste moral tal vez resulta inevitable y es innegable que se ha producido y que las castas pudientes de Egipto, incluido el ejército, se han buscado su buen acomodo, poniéndose orejeras para lo que podría dolerlos y no pueden evitar. Y pues, si no lo pueden evitar, pues a no enterarse.

Si, como digo, los ideales no podemos saber si todavía mandan algo, no corremos ningún riesgo suponiendo que los intereses sí mandan mucho. Y los intereses del ejército egipcio, a menos que yo esté razonando muy mal, entiendo que están ligados a Egipto. Sin el país, no son nada. Puede que haya algún gerifalte que tenga cuentas sustanciosas fuera. La mujer de Mubarak era o es británica y esos sí tienen bienes fuera de Egipto. Pero no creo que haya muchos en esas circunstancias y, abrumadoramente, los intereses en el ejército egipcio estarán, pues, ligados a Egipto. Por la cuenta que les trae, no van a querer que Egipto se vaya al garete. En el caso de Morsi y los HHMM todo era ganar, nada que perder de momento y lo que han demostrado en este año es que o no se ha sido fiel al mandato o se ha sido incapaz. El resultado, sea una u otra cosa, a los egipcios les ha parecido que justifica el cese inmediato porque no se puede dejar que el país vaya a peor y se endeude más. Podría no haber recuperación.

Otra cosa es que el ejército va de frente, no tiene más remedio. Supongo que, además de ir de frente, también va de lado y hasta de unos cuantos lados. Sorprendería si no fuera así pero, para ir de lado y hacer maniobras, ya tiene que contar con otros estamentos, con otros actores y por tanto hacer algún paripé y ceder en algo para que alguien haga ese paripé, digo en el caso de que sea esa su política.

La participación del ejército en la economía del país es muy grande. Digamos que es un actor económico importante. Y, preciso es decirlo, parece ser que lo lleva bastante bien. Si no me equivoco, es de lo que mejor funciona. No estoy abogando por que se le entregue la economía al ejército, más bien, porque se aprenda de él, al menos eso, a hacer las cosas bien y con disciplina, y la disciplina, me duele decirlo, es la parte floja más que floja de la población egipcia.

En fin, que, para mí, que la población egipcia está demostrando mucho más olfato político que el que parecen concederles los medios de comunicación de los países “democráticos”. ¡Con qué asombro recuerdo yo todavía cuando, estando allí en tiempos de Sadaat, éste empezó a aplicar la política de liberalización impuesta por los pactos internacionales y suprimió algunos subsidios! Yo a los egipcios, hasta entonces, sólo los había oído hablar bien de Sadaat. No había oído ni una mala palabrita de él, salvo a un antitodo jovencito. Sin embargo, esa gente que no hablaba nunca mal de Sadaat, que hablaba bien de él, se echó a la calle acto seguido y la formó tan gorda que hubo toque de queda y soldaditos en la calle. Pero ese pueblo que no hablaba mal de su presidente no paró hasta que finalmente Sadaat destituyó al Ministro de economía y dio marcha atrás. Y ¿depués? Después seguí sin oír ni una mala palabra contra Sadaat. Supongo que las habría, siempre hay de todo, pero no eran tantas como par que yo no tuviera más remedio que oírlas. Y me sentí ínfima. ¡Que diferencia con los españoles, siempre protestando por todo y apenas atreviéndose a nada! No me extraña que Naser dijera, con el corazón, que el egipcio era un buen pueblo. No dijo un gran pueblo, dijo un buen pueblo. Un buen pueblo. Gran hombre para decir eso y gran pueblo para hacérselo decir.

Ahora está cansado, triste, desintegrado, pero yo confío en que siga siendo ese buen pueblo, en que saque sus ideales de debajo del polvo y no trague con que nadie le nombre ningún garante ni con que lo redima ningún sabelotodo. Que él sea el garante y que le siga latiendo el corazón como para durar otros miles de años y que otros tengamos alguna vez redaños para seguir su ejemplo.

 

14 de julio de 2013

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