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La Soberanía de la Mujer: entrevista Webislam

La obra de Carmen del Río La soberanía de las mujeres aborda con valentía y rigor el núcleo central de la problemática de género contemporánea, la conciliación del auténtico rol de las mujeres, central en las relaciones humanas que construyen sociedad o comunidad, con una experiencia ecuánime y ponderada de la condición femenina. El texto va más allá de los feminismos al uso y se adentra en la concepción coránica de la mujer y de las relaciones de género de tal manera que puede ayudarnos a superar el impasse y los enfrentamientos que ciertas concepciones historicistas radicales de las relaciones entre varones y mujeres generan con tanta frecuencia en nuestro tiempo.

Así, nos adentramos en una experiencia del Corán que nos lleva más allá de los conceptos de patriarcado y matriarcado al uso para dejarnos en la orilla feliz de la relación humana básica del ‘fratiarcado’, de la hermandad genérica entre varones y mujeres que configura, como dice la autora, “una visión de la humanidad que parte de la simultaneidad de los sexos y de la experiencia vital femenina como definitoria de las bases de la sociedad humana”. 

El Corán nos propone, en lo referente a las cuestiones de género, igualdad en los derechos y diferencias en ciertas funciones biológico-sociales que, desde una posición ponderada aparecen claramente dibujadas en lo que suele denominarse comúnmente como derecho natural. Según nos dice la autora, la mujer tiene la ventaja de estar dotada para llevar a cabo la reproducción de la especie, mientras que el varón está libre de la carga que supone dicha tarea, de manera que es justo que, como el varón no contribuye a la reproducción sino de forma puntual, habrá de contribuir al mantenimiento de quienes soportan tan pesada carga.

Más allá de cualquier maximalismo, este ensayo demuestra “apegándose religiosamente al texto coránico original” que la revelación que sustenta la vida islámica no promueve esa visión misógina que presentan los medios de comunicación de masas sino que, por el contrario establece patrones de relación varón-mujer reconociendo a ésta como la base sobre la que sustentan las relaciones sociales, incluidas por supuesto las de género.

Una obra de estas características es de una enorme utilidad y pertinencia, por cuanto ofrece alternativas a algunos de los callejones sin salida a que nos han abocado muchos de los sexismos radicales de la modernidad tardía en el seno de las sociedades postindustriales, que dejan la cuestión en un mero enfrentamiento entre los sexos sin solución de continuidad.

Entrevistamos a la autora, Carmen del Río, que nos aclara en esta entrevista algunos aspectos de su obra.

La obra que has escrito, La soberanía de las mujeres, al tratar de conciliar el rol femenino con una experiencia ponderada de la condición de las mujeres no trata el tema desde los posicionamientos habituales de los feminismos al uso. ¿Podríamos considerarla una obra feminista, y en caso afirmativo, en qué sentido lo es?

— Hashim, me halaga eso que dices pero dudo de que yo tenga la solución para conciliar nada. De lo que sí tengo el convencimiento es de que, sin un cambio de fondo de la mentalidad, todo será muy difícil.

El primer capítulo de La Soberanía de las mujeres se titula Honrar las matrices y responde precisamente al mandamiento de Dios en la primera aleya de la Azora cuarta, Las mujeres. Mientras no nos convenzamos por el bien de todos, por la propia autoestima de todos, de que las mujeres merecen honra incondicional por la capacidad que detentan de dar la vida y por el enorme gasto fisiológico que eso les supone, nunca se les hará justicia, nunca se hará justicia a nadie y ellas, apeadas del honor que Dios directamente les confiere se van a ver siempre a remolque del varón, aperreadas, sujetas a su conveniencia, intervenidas y debiendo explicaciones por cualquier cosa a la que aspiren o que ambicionen, sea ello ser madres, sea ser astronautas, sea no ser gran cosa. A los varones se les da todo por descontado, a las mujeres para ocupar el lugar que deseen ocupar en la civilización y en la sociedad, se les exigen explicaciones y justificaciones, si no legalmente, sí por presión moral del medio, porque la mujer está para otros, existe para la sociedad y en cambio la sociedad existe para el varón, al que se identifica como la especie humana. Eso está subyacente y perfectamente interiorizado por todo el mundo.

Hay que introducir el valor de dar la vida, la riqueza que eso supone. El primer dato de cualquier economía es la reproducción. Desdeñando a quien carga con todo el trabajo fisiológico de la reproducción se escamotea el dato principal y primordial de todo. Cuando la mujer trabaja, y siempre ha trabajado, aunque haya sido restringida a aquellas labores que la sociedad le ha permitido, remuneradas o sin remunerar, se entiende que lo de los hijos lo debe hacer, como si dijéramos, en su tiempo libre, como hobby, porque pagársele no se le paga ni tampoco se le reconoce y, de hecho, se la castiga en otros dominios sociales o económicos por ese trabajo de reproducción  y se pone así en entredicho su libertad y soberanía. Entonces ¿cómo se concilia? Yo creo que en las presentes condiciones muy difícilmente. Únicamente cuando las sociedades partan de que el dato básico para su existencia es la reproducción y que lo primero que se debe como cosa que se dé por descontado es que quienes están a cargo de ella reciban la remuneración y el reconocimiento que dictan la justicia y la razón. Entonces es muy posible que las cosas, sin gran esfuerzo por parte de nadie, se concilien solas y no sólo para las mujeres sino para todos, porque finalmente el mundo laboral segregado que vivimos hoy en día, en que para trabajar hay que separarse de la familia, es relativamente nuevo en la historia. Hasta la revolución industrial una buena parte del trabajo productivo se desarrollaba en talleres y lugares artesanos de carácter familiar, de forma que ni los varones estaban segregados de las mujeres ni los padres de los hijos ni de los abuelos, etc.

Vistas las consecuencias colaterales de muchas propuestas del feminismo contemporáneo ¿Cómo podemos encarar el asunto de los derechos de las mujeres y de su condición sin entrar en una guerra de sexos?

— Siento decirlo, pero me parece que la guerra de los sexos está en marcha desde hace muchos siglos o milenios, quizás desde siempre. El que en lo que se tiene memoria la victoria se haya volcado constantemente de un lado, que no es necesariamente el de “los varones” sino el de cierto tipo de varones, no significa que no haya habido guerra y que no la haya todavía. Es como creerse por ejemplo que el mundo está en paz porque a mí todavía no me ha caído ninguna bomba en el salón de mi casa o porque todavía sigo vivo. Si hay mujer que no haya sido alguna vez víctima de esta guerra a mí me gustaría conocerla. El que se haya normalizado no quiere decir que no exista o sea inocua. Por otra parte, la misma formulación “los derechos de las mujeres” indica claramente en qué situación secundaria se encuentran estas como seres humanos. No se habla de “los derechos de los varones” porque los derechos de los varones son el patrón y no necesitan ni justificación ni defensa. De la misma manera que no se habla de que los varones son muy importantes en la sociedad porque son hermanos, hijos, padres… La mujer sigue siendo la comparsa, la creada para otros, como ya apunté antes, mientras que otros no están creados para ella.
Entonces, quizás a esta pregunta puedo responder como a la anterior: cuando se reverencie a la mujer, cuando se la honre por ser tal, cuando las matrices no sean un patrimonio del que se apropia la sociedad como un bien colectivo o público y del que dispone el varón que se arrogue esos derechos, cosas que por sí solas ya son un buen indicio de que hay guerra de despojo, cuando suceda eso, pues, tal vez alcancemos una sociedad que descanse más en la sociabilidad y el compañerismo que en la fuerza y el poder. Como dice la aleya, Dios ha puesto entre vosotros (varones y mujeres) el afecto y la piedad. Decididamente lo que hoy reina en las sociedades, islámicas o no, no son ni el afecto ni la piedad, sino el que puede puede y el que no que se fastidie. Y la mujer, dada la vulnerabilidad en que la coloca su función reproductora, se fastidia de lo lindo y, naturalmente, toda la sociedad se perjudica porque no creo que haya muchos que prefieran esta sociedad del que puede puede, a una sociedad en que manden el afecto y la piedad.

Por otra parte, también hay que pensar que el estado del ser humano es siempre de tentación y lucha y así, de la misma manera que creo que, por ejemplo, se puede reducir mucho el número de asesinatos o de robos en una sociedad aunque seguramente siempre los habrá, pues creo que guerra de los sexos, más o menos total o virulenta, también la habrá siempre. Es parte de lo que es la existencia del ser humano. Si todo fuera perfecto y estático tampoco podríamos hacer ese viaje que nos lleva de vuelta al Altísimo. El ser humano siempre va a tener que estar empeñado en una yihad de purificación de su existencia, de todo aquello que lo aparte del camino ascendente de vuelta a su Hacedor.

¿Cómo encajan los hombres musulmanes las propuestas y lecturas contenidas en este libro?

— Creo que habrá que dejar pasar un tiempo a ver cómo se acoge y que efecto tiene, si es que tiene alguno, claro. Por lo que yo veo personalmente, me siento optimista. Ya sabemos que dentro de lo que se denomina musulmanes hay muchas tendencias, creo que al menos algunos varones musulmanes lo acogen muy bien, en algunos casos dando un respiro de alivio. Pareciera que esta guerra de los sexos que se libra desde hace milenios, aunque de diferente índole, también ha creado varones infelices, lo que, por supuesto, tampoco es sorprendente. Varones que no pueden bajar nunca la guardia de ser triunfadores o gallitos del corral. Eso es muy duro y obliga a forzarse mucho a muchos varones que no tienen ese  temperamento. Un mundo muy masculinizado no me parece un mundo particularmente feliz aunque produzca muchos “éxitos”. Y, concretamente, fuera de los muy fijados ya en sus prejuicios, yo no creo que mi libro vaya a ser peor acogido por los musulmanes que por los que no lo son. El machismo es ubicuo y las ganas de mejorar las sociedades también lo son.

Leyendo el libro uno se da cuenta de que no recurres a los tópicos al uso de los feminismos radicales sino que te sitúas más allá de los conceptos de patriarcado y matriarcado. Tú crees posible una convivencia feliz y creativa entre los sexos, pero, para ello ¿Qué condiciones habrían de darse en las relaciones de género?

— En el libro hablo de la satanización del varón. Aludo a Iblis, hecho de fuego, que se revuelve furioso porque se le quiere supeditar a un ser de barro. En el mundo regido por el patriarcado, el varón se sataniza, se cree más sublime, más dotado que la mujer y con derecho también a más. Él se cree de fuego y convierte a la especie en dos especies, el varón de fuego y la mujer de barro a la que le es preciso convertir en inferior, posesión suya y obligada a rendirle culto. Es eso lo que ha configurado a lo largo de los siglos sociedades en que un “tropezón” femenino era la sentencia de muerte, física o social, para la mujer mientras que los varones gozan consumiendo esas mujeres a las que convierten en carne muerta. Evidentemente eso no es lo que Dios se propuso que hicieran los seres humanos. Y por eso en La Soberanía de la mujer en el Corán, dedico también un capitulo a Profetas y caballeros. La fitra del varón creado por Dios es la fitra del caballero, ese varón que ama y sirve a las mujeres con dignidad y lealtad, con los que las mujeres siempre se sienten seguras y bien tratadas, esos que con su comportamiento hacen que la sociedad humana sea un entorno lleno de amabilidad y dignidad, no el mundo de los burdeles y el doble rasero y la carne muerta. Es decir, en cierto modo y desde cierto punto de vista, son los varones los que hacen el mundo y las mujeres las que lo sostienen. La marca del varón es la que define si vivimos en una sociedad de delicadeza, respetuosa y digna o en una sociedad grosera, atropelladora y chulesca. Naturalmente entre esos dos términos hay otros intermedios, pero lo ideal es que se nos inculcase a todos ese ideal del varón como caballero y que fuera ese tipo de varón el que ganase estima.

En cuanto a feministas radicales, yo siento discrepar, pero dudo de que sean las feministas de cualquier tipo las que crean problemas o llevan el mundo a la catástrofe, independientemente de las variedades feministas que pueda haber y que no me parece que en sus extremos afecten demasiado a la sociedad salvo para hacer escritos académicos. De hecho, creo que las mujeres estamos sabiendo muchas cosas en cuanto a lo que debemos y no debemos, pero son los varones los que se derrumban si les quitan ese mundo en el que son el no va más, no porque no valgan sino porque no tienen un ideal de sí mismos que los valorice. Las mujeres sirven para perpetuar la especie, ellos ¿para qué sirven? ¿Son agujeros negros que solo consumen? Dicen los sufíes que el mayor grado espiritual es el de servir. Estoy plenamente de acuerdo con eso. Esa es la razón de ser de los profetas: servir a la humanidad y a sus sociedades.

No hay grado espiritual más elevado pero en el mundo de hoy servir parece algo humillante. Sin embargo, es lo que hacemos todos por designio divino, queramos o no, servimos, y cuando morimos servimos de alimento a bichos y cuando vivimos servimos de piedra de toque a los demás, aunque no lo apreciemos. El varón maleducado por siglos de halagos a su vanidad tiene dificultades para asimilar eso, como si perdiera dignidad o ya no fuera varón. Sin embargo, el ideal coránico del varón es ese precisamente y de eso, como queda dicho, dan ejemplo muchos profetas como para que los varones musulmanes se permitan ignorarlo. Los varones hoy en día tienen una labor de recuperación de su fitra muy importante. Si los varones ponen trabas, si no dan ese paso de consumidores de humanidad a servidores de la humanidad, el mundo no va a dar un paso adelante. Lo de achacar cosas a feministas que además, si son del tipo al que supongo que te refieres, son muy escasas y creo que marginales, no va a resolver nada. No son ellas las que han hecho el mundo tal como es, sino muchos siglos de culto al varón de fuego sin ninguna traba y poco apego al varón de barro, compañero y caballero, gala de cualquier sociedad. Yo personalmente añoro un mundo así, un mundo de caballeros. No hace falta que sean ceremoniosos ni pamplineros, simplemente como saben ser ellos, y de hecho hay muchos, cuando realmente creen que las mujeres somos una bendición y adoradoras de Dios y no la sierva díscola o un artículo de consumo.

Según sostienes en tu ensayo, la soberanía de las mujeres surge, entre otras cosas, de la carga y responsabilidad que supone la capacidad de traer al mundo a otros seres humanos, criarlos y darles aquello que necesitan para vivir. ¿Hay en ello una exaltación o idealización de la maternidad?

— La soberanía de las mujeres viene de Dios, del pronunciamiento directo de Dios, al decir que las virtuosas devotas a Dios guardan lo que Dios guardó. Es una relación directa, una encomienda directa de Dios a las mujeres sin pasar por ningún varón.

Cuando hablan de Maryam muchos musulmanes dicen que fue virgen pero lo cierto es que, conforme a lo que nos cuenta el honrado Alcorán, Maryam no hizo nada distinto de otras mujeres, porque, en efecto, guardó lo que Dios guardó, tal como se nos dice en la aleya 4.34 de las virtuosas, devotas de Dios que guardan lo que Dios guardó. Esa es la dignidad y soberanía de la mujer, su capacidad reproductiva no está delegada en nadie, ellas guardan la nueva vida con la encomienda directa de Dios, y el honrar a Dios y honrar las matrices es un doble mandamiento dictado por Dios. Es lógico, como se explica ampliamente en el libro. Los mamíferos son una clase en la evolución en la que más se implican unos seres en otros físicamente. Es la plasmación de la rahma divina. Ar-Rahmaan ar-Rahiim son los nombres divinos que Dios quiere que sean más presentes y reconocidos entre los seres humanos, es de Su rahma de lo que estamos hechos y eso se plasma en la matriz, en la que la implicación física de dos seres humanos es total. Es un trabajo duro para la mujer y un costo a lo largo de la vida que puede ser enorme, pero es también la expresión más contundente de la rahma divina. Si el ser humano, mujer o varón, no honra de donde viene, no honra las matrices y no honra a Dios, no se honra a sí mismo porque, si tiene un origen excelso y lo desprecia, ¿cómo puede quererse a sí mismo? Cuando no lo hace es porque se sataniza y quiere acceder a lo más alto no por la rahma, como barro,  sino por el fuego, por el poder. Los maestros sufíes advierten mucho de no acercarnos a Dios por los nombres de poder sino por los de la piedad. Ese es el camino humano, el camino del amor de Dios, no de su poder. Por la vía del poder y del dominio el ser humano va a la ruina.

¿Qué tan lejos se hallan las comunidades islámicas contemporáneas de la visión coránica igualitaria de género? ¿Qué factores contribuyen a ello? ¿Cómo es posible que, en dichas comunidades, se den comportamientos tan diametralmente opuestos a las prescripciones coránicas que aparecen tan bien delineadas en tu obra?

— Hay tantas comunidades islámicas que sería muy arriesgado decir nada que las englobe. A lo más que me atrevo, así, generalizando mucho, es a decir que hay una crisis y que la crisis está muy, muy lejos de su fin. No obstante, las crisis son buenas, causan muchas pérdidas pero son, o bien inevitables, o bien necesarias. Se ha hablado mucho de que el islam no ha pasado por la reforma, como el cristianismo, y que tendrá que hacerlo si ha de sobrevivir. Supongo que en efecto no, no ha pasado, y no sé si es cierto que tiene que pasar. Lo que sí creo es que se está forzando a los musulmanes a situaciones de autodestrucción. Es horrible, siniestro y trágico lo que viven tantos pueblos de mayoría musulmana hoy en día. No es el mejor ambiente para lograr la regeneración por la emulación con lo mejor y yo confío en que Dios nos proteja y sepamos resurgir del abismo. Creo firmemente en la aleya que dice que Dios saca lo vivo de lo muerto y a lo muerto de lo vivo. El mundo es Suyo, la existencia es Suya. Si quiere, la luz coránica iluminará la tierra. Los que sean conscientes se esforzarán porque esa luz llegue a cuantos más corazones mejor. Lo que vivimos hoy en el medio musulmán creo que son luces y sombras, tal vez con más sombras o, mejor dicho, con sombras tan negras que parecen horribles agüeros que ocultan lo mejor. No obstante, como digo, confío en que Dios escucha y sé que hay muchos corazones esperanzados que Le imploran, que creen y esperan Su misericordia en esta vida y en la otra y yo confío y rezo por eso, porque ese ideal de caballeros y mujeres soberanos, entregados solo a Él, que creo que sí existe en muchos corazones, si ahora parece muy oculto, resurja y se vuelva un faro para la Humanidad.
Ya ves Hashim, que en vez de contestar a tu pregunta, me he ido por los cerros de Úbeda y hablo de lo que debería ser. Te pido disculpas pero no sé si sabría responder otra cosa.

¿Cómo y cuando surgen la misoginia y la segregación se sexos en la historia del islam? ¿Cómo se abre ese abismo?

— Como creo que ya he dado algo a entender al contestar a otra pregunta, yo creo que ese abismo siempre está abierto a nuestros pies. La tentación nunca muere sino con la muerte de todos nosotros, entonces eso que dices puede haber empezado como empiezan tantas cosas, sin darle importancia y tal vez como algo que da caché, prestigio, la moda, tal vez disfrazado de virtud… Tal vez confundiendo la prudencia y el recato con la hipocresía y la apariencia… Creyendo que es poniendo barreras fuera como conservamos la virtud por dentro. Pero me temo que la barrera debe estar en nosotros mismos, como muy bien nos demostró el excelso profeta Yusuf. Él no necesitó de ninguna segregación para ser siempre el fiel seguidor de Dios y caballero sin tacha, bendito sea.

¿Qué problemas detectas en los feminismos contemporáneos?

— Creo que eso va como los creyentes, hay muchos que dicen que lo son y tal vez no lo sean tanto como dicen y al contrario. Me parece a mí que últimamente el feminismo está muy en boga de boquilla, pero en los hechos me parece que estamos perdiendo terreno. Se dice mucho y luego se hace poco. No hay verdadera transformación. Se mide el prestigio de varones y mujeres por lo público, que las más de las veces se podría calificar más de mundano que de público al tiempo que en España la natalidad es alarmantemente baja y que, si no fuera por los inmigrantes, tendríamos problemas todavía mucho más graves, precisamente porque no se valora lo que es la especificidad femenina y en consecuencia tampoco se le da poder conmensurado con su función ni se arbitra ni se regula la sociedad de forma que la reproducción no sea una hipoteca de su libertad y soberanía. Entonces, aunque sé que hay personas que ya son conscientes de eso y están en ello, lo cierto es que lo que predomina es un feminismo seudo oficial todavía copado por el patrón varonil en el que evidentemente no tiene cabida lo que es específico de la mujer. Es un árbol al que siempre se le corta una rama principal. Confío en que este libro sea un granito de arena a lograr que eso cambie, Dios mediante.

 

Entrevista realizada por Hashim Cabrera para Webislam

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