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“La tierra sin mal” y “No hay dios sino Dios”

La tierra sin mal es una expresión que se encuentra en las creencias de los pueblos guaraníes, en ese idioma: Yvymara’eỹ. “No hay dios sino Dios” es una frase del honrado Alcorán que repiten frecuentemente los musulmanes y que forma parte de su declaración de fe.

¿Qué tienen en común estas dos frases aparentemente sin relación?

Ambas son negativas. En la primera se pone de relieve lo que falta en esa tierra de que se habla, falta el mal. En la segunda, se dice que no hay dios para remachar diciendo a menos que sea Dios, es decir, que sea Dios todo lo que haya.

Y ese dios que no es a menos que sea Dios ¿no nos está diciendo lo mismo? Cualquier dios que pueda ser o no ser, no es. Si es, es Dios. ¿No nos habla también de purificar, de desechar lo que no importa ni nos hace ni somos y de volver a la esencia?Extraña coincidencia. En la primera frase, al encontrarse y al remitirla a una “mitología”, se la encuadra, casi, casi, entre los cuentos de hadas, o sea, directamente se habla de leyendas. O como dice el honrado Alcorán retratando a quienes ridiculizaban al Profeta Mahoma diciendo que “ya está éste con las leyendas de los antiguos”. Si, las leyendas de los antiguos, la tierra sin mal, el no hay dios sino Dios. La tierra sin mal, a la que queremos volver y a la que hemos de volver, el no hay dios sino Dios, al que hemos de volver para reintegrarnos siempre a la matriz divina. Venimos de lo santo, de lo puro y a ello queremos volver y a ello volveremos. Hermosa tierra sin mal de donde nacimos y surgimos, Dios de generosidad que nos hace recorrer la existencia entre leyendas y nuevamente nos recoge para ser puros.

¿En cuántos idiomas se nos ha dicho, en cuántas leyendas se nos ha contado? ¿De cuántas fuentes ha manado el río divino? ¿Y cuándo el río divino ha dado otra cosa que agua clara? El agua sin turbiedad, el Dios sin dios y la tierra sin mal.

Recuerde el alma dormida.

De repente me llamó la atención el paralelismo de estas frases. Negativas. Y esa negación las convierte en la más rotunda de las afirmaciones. La tierra sin mal. Es decir la tierra existe, la tierra no ofrece duda, la tierra es lo que existe de por sí y el mal es un elemento que en sí no es, es esa cosa que lo mismo que está puede no estar y, sin embargo, la tierra seguirá siendo tierra. ¿Nos estará hablando esta denominación de la tierra sin mal del camino de la purificación humana, de desechar lo accesorio y remitirnos a la esencia?

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