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Las dos Marías

Ya sé que esa constelación que nos embellece el firmamento son Las Tres y no Las Dos Marías. También sé que en la religión católica conocemos a las tres Marías como aquellas que estuvieron a los pies de la cruz de Cristo. Pero en esta ocasión, aun sin desechar alguna coincidencia, yo voy a hablar de otras Marías y a situarme en otros firmamentos. Concretamente en los firmamentos del sentimiento y la reflexión religiosa y espiritual.

Empezaré por presentar a mis dos Marías. La primera es Santa María, la madre de Jesús de los Evangelios. La otra, nuestra señora Maryam del honrado Alcorán.

¿Qué tienen y qué no tienen en común? Eso quedará de manifiesto a lo largo de estas líneas, pero lo primero que podemos decir que tienen en común es la ocultación o lo que pudiera parecer ocultación.

Si nos dejáramos llevar por el peso que tiene Santa María en el sentimiento popular y no tan popular católico, no se nos ocurriría pensar que esa Santa Madre, de hecho, en el texto de los evangelios tuviera tan poco lugar y mención. Es casi como una sombra. Y si esa presencia en los evangelios se compara con el total de la Biblia, más parece un garbanzo en el cocido. Y, si comparamos esa presencia suya en el texto sagrado con la de Maryam en el honrado Alcorán, desde luego nuestra Santa María quedaría en desventaja. Maryam tiene una azora entera en el honrado Alcorán, se la menciona numerosas veces y, en cuanto a nomenclatura, mientras que en los evangelios y el cristianismo en general se conoce a María como madre de Jesús, en el honrado Alcorán es al revés, a 3Isa, al que muchos musulmanes, -la inmensa mayoría- identifican con el Jesús de los evangelios, se le conoce y nombra por el nombre de su madre, 3isa ibnu Maryam, 3isa hijo de Maryam. Y esta Maryam, en el honrado Alcorán, no tiene un esposo llamado José, ni parió en un portal de Belén ni tuvo un buey y una burra para acompañarla en ese trance. Parió sola al pie de una palmera y pasándolo fatal y fue madre soltera, por lo que sabemos, toda su vida.

Paralelamente al hijo, se ha identificado a Maryam también por la mayoría de los musulmanes como la Santa María cristiana. Sin embargo, a tenor de lo que nos dice el honrado Alcorán y de lo que dice la Biblia de una hermana de Moisés y Aarón, llamada Miriam, parece que si nos dejamos llevar por esos datos, esta Maryam del honrado Alcorán correspondería a esa Miriam que en la Biblia queda muy escasamente mencionada y bastante deslucida. Parece ser ese un destino de las Marías, por un motivo o por otro, el quedar como ese resto de comida que se echa a los perros, aunque en este caso se trataría de perros muy suertudos.

Fuera de su mención bíblica, el destino ha cambiado con respecto a esas dos Marías, punto de partida de nuestras dos Marías, Santa María de los cristianos y nuestra señora Maryam del honrado Alcorán. El pueblo  cristiano, sobre todo en sus principios, en que la religión institucional se tornó hostilmente masculina, debió de sentirse dejado de la mano de Dios, con tanto santo barbudo y tanto patriarca sacerdotal y ascético, y clamando por otra cosa entre tanta austeridad emocional. Y así, subrepticia y paulatinamente, Santa María fue ascendiendo en el firmamento religioso cristiano hasta un florecer que, incluso en estos días de descreimiento casi general, es palpable. La gente creerá o no creerá en Dios y se preguntará o no se preguntará al respecto, pero en las imágenes de Santa María, en tantísimas advocaciones, tantas como dolores y alegrías alberga el corazón humano, con fe y sin fe, ella sigue triunfando.

¿Es eso idolatría? podrán preguntarse muchos hermanos musulmanes. No, no lo es. Yo estoy segura de ello. Lo que es es un río subterráneo como un Guadiana que corriera oculto porque aún no sabe con qué cara mostrarse.  Los seres humanos llevan una corriente de sentimiento, de ansia de cobijo, para darlo y para recibirlo, ansían volver a una matriz que los albergaba sin condiciones, añoran sin saber dar un nombre a lo que añoran, y por eso el mundo católico y el mundo cristiano ortodoxo ha dado paso a la Santa María del corazón y le ha dado infinidad de nombres: Siete Puñales, Esperanza, Desamparados, Cantarranas, Camino… ¿Qué nombre no se ha dado a Santa María? Y para algunos puntillosos surgirá la pregunta: Pero vamos a ver ¿existió de verdad esa Santa María? Si no ha existido de verdad, desde luego se ha dejado ver muchísimo. Y, al fin y al cabo ¿qué es lo que tiene que haber existido para justificar esa fructificación? ¿Una mujer con nombre y apellidos? ¿Un ansia humana de amor incondicional y amparo sin fin, en suma, una nostalgia del amor divino?

Se mire como se mire, lo que sí es Santa María es la constancia de que el ser humano quiere algo más y siente algo más, algo que se le dé porque sí, porque así es como son las cosas. Lo que los musulmanes llamamos rahma divina, Divina Piedad. El Guadiana al que he aludido debe de ser sin duda ese río inmenso e inagotable de la divina rahma por cuyo desbordamiento existe todo lo que existe y que, de hecho, sí se nos da porque sí, porque así son las cosas.

Volvamos ahora a nuestra segunda María. Aparece y desparece en la Biblia como una sombra en el olvido. Y reaparece como mujer de carne, hueso y matriz mal venida en el honrado Alcorán, en el que Dios, íntimamente, la arropa y la cuida, aunque los hombres la acosen. Y luego, a la par que tantas cosas del honrado Alcorán, queda entre los musulmanes como un gran nombre pero, a semejanza de la Santa María cristiana de la primera y hostil época del cristianismo, sepultada, desconocida, precisa y curiosamente, bajo la apariencia de la Santa María cristiana. Se identifica a Maryam, la madre soltera que parió sola al pie de una palmera, con la Santa María cristiana, casada con José el carpintero, feliz y oscuramente habitando una localidad casi siempre apacible, y  virgen, sobre todo,virgen, sin virgen no hay paraíso ni mujer ni nada que tenga sentido.

Y hete ahí que nuestra señora Maryam ha sido engullida por… ¿por qué ha sido engullida? ¿Por la necesidad que obligó a los varones religiosos de la primera época del cristianismo a anular a la mujer como profeta y como imagen divina, para convertirla en agente del demonio? Hay muchas cosas que los musulmanes de hoy prefieren no saber y ni enterarse. Y la principal es nuestra señora Maryam, la madre de 3isa Ibnu Maryam, esa que junto con el hijo es una señal, un aya, esa que conforme a la aleya 4.34:

… las virtuosas son las verdaderamente devotas a Dios y guardadoras de lo oculto guardado por Dios.

… faalssalihatu qanitatun hafidhatun lilghaybi bima hafidha Allahu.

Esto es lo que dice Dios en esa aleya al hablar de todas las mujeres.

Cuando se hace parecer a Maryam como un fenómeno, igual que si tuviera dos cabezas, eso sí, por milagro, al ser madre siendo virgen, como si fuera un fenómeno de circo, se olvida que lo que hizo Maryam es lo que Dios dice que hacen todas las mujeres virtuosas. Maryam guardó lo que Dios guardó. Da igual cómo era de virgen o cómo no lo era. Lo mismo que las de la aleya 4.34, Maryam era qanita, como nos dice la aleya 66.12.

Entonces ¿qué es lo que tiene Maryam de excepcional? Creo que lo que tiene Maryam de excepcional les resulta, si no imposible, sí muy difícil admitirlo a los varones y a las “varonesas” de fuego (Véase “Varones de fuego, mujeres de barro”). Lo que tiene Maryam de excepcional es que Dios la eligió para llevar a la Humanidad un mensaje hecho de silencio y de un hijo, la palabra, esa es la palabra de Maryam, la que no habló, una madre soltera que calla, porque todo lo que diga se empleará en su contra, y un hijo, la palabra, como todos los hijos también son la palabra, la palabra de ser y es, sin el permiso de ningún varón, porque Dios quiere. Porque las matrices (arham)  están bajo la regencia directa de Dios y la encomienda a las mujeres es una encomienda divina, no de ningún varón. He ahí el mensaje. Quien quiera entender que entienda y quien no, que siga con los fenómenos circenses y olvidándose del mandamiento de la 4.1: honrad a Dios… y las matrices.

Avancemos un poco en los acontecimientos. Andando el tiempo, el hijo de Santa María, el Jesusito que era niño como todos hemos sido niños, es crucificado, como si dar una vida fuera para nada, como si ser bueno fuera para nada, y Santa María se deshace de dolor. Los puñales de las procesiones, las penas de todas las madres que se preguntan si ser madre es una bendición o es una condena y una ignominia.

Y ¿nuestra señora Maryam? Nuestra señora Maryam sigue más o menos en el limbo de quienes veneran a su hijo como profeta pero no quieren saber qué palabra es esa que es él, 3Isa ibnu Maryam, cuya madre sigue en su vida circense de virgen paridora y cuyo hijo vive también en el cuento de esos pájaros que creo de barro por milagro y en los que sopló para que volaran pero que, como ya hace tanto tiempo, a saber, esos pájaros se han debido de morir ya.

Bueno ¿en qué andamos? Y ¿a quién se le ocurre siquiera pensar en eso? El 3isa ibnu Maryam de los musulmanes no ha sido crucificado pero sí olvidado y ocultado detrás de caretas que se van eligiendo para no ser demasiado diferentes de los cristianos, que tienen un Cristo tan bueno y tan súper. Nosotros no vamos a ser menos y nuestro equivalente del Cristo crucificado es sencillamente una careta con que ocultar a 3isa Ibnu Maryam, esa palabra que Maryam no pudo decir porque vivía bajo el imperio de los varones de fuego y fue su hijo su palabra.

Pero los musulmanes están sordos y muertos de miedo, muertos de miedo de que se derrumbe un mundo en el que se creen dueños de algo, aunque sea algo circense.

Y lleguemos al capítulo del desenlace, los cristianos, amadísimos hermanos, esperan la resurrección, como el Cristo hijo de Santa María resucitó al tercer día, porque no hay nada que sucumba ante nada cuando un ser humano se ofrece enteramente a Dios, porque ahí está la resurrección y la vida eterna.

Y los musulmanes ¿los musulmanes qué esperamos, amadísimos nosotros mismos? De momento ni esperamos ni dejamos de esperar. Empantanados estamos entre si dejarnos por fin camelar (colonizar) totalmente por los cristianos con sus bonitas resurrecciones, milagros circenses y segundas venidas de Cristo, para nosotros 3Isa, o si seguir vegetando creyendo que ya tenemos toda la verdad que necesitamos con nuestra señora Maryam de circo y nuestro 3Isa palabra de Dios que no nos imaginamos cual pueda ser ni para qué.

Sin embargo, lo tenemos tan fácil… Nosotros no necesitamos segunda venida, ni de 3isa ni de Jesús ni de ningún otro voluntario. Nos bastaría con que hiciéramos caso de la primera venida. El honrado Alcorán nos la cuenta. Somos pájaros de barro, si dejamos que, con el permiso de Dios, 3Isa Ibnu Maryam sople en nosotros, como Dios sopló en las partes pudendas de su madre y en su vientre y nació él, nosotros también naceremos a la rahma directa de las matrices, de donde Dios ha querido que nazcamos, cuando reconozcamos esa palabra que viene del vientre de la madre como piedad divina, volaremos como pájaros, ya desenjaulados de los juegos circenses para ser sólo el milagro puro, infinito de la rahma divina.

Resumiendo, quizás ha llegado el momento de que todos los seres humanos y, en nuestro caso, cristianos y musulmanes, permitamos que las dos Marías nos sean el recurso divino que nuestro corazón ansía, ser hijos de la rahma divina y no del fuego.

Bismil-lahir-rahmanir-rahim

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