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Mujer apaleada, Palestina

En teoría a todo el  mundo le da mucha pena que se maltrate a una mujer y, rápidamente, quienes se enteran y les da pena piensan que eso se arregla dejando al marido y pidiendo un divorcio. Y cuando pasa el tiempo y la cosa sigue igual, que ni ha dejado al marido ni ha pedido el divorcio, la pena se va agotando. La gente se siente impotente para meterse en cosas así. La situación compleja de emociones, sentimientos, planes de vida y sobre todo economía e hijos, hacen que esos planes tan fáciles para resolver su situación a la mujer no le resulten hacederos y se vuelvan contra ella y, al final, la actitud de quienes sólo pasaban por allí se torna en indiferencia e incluso en exasperación, porque ella no ha hecho lo que tenía que hacer. E incluso se piensa que es que ella padece de depresión, que no está bien y, al final, pues será cosa de ella y el marido…  hasta puede dar pena.

No todo el mundo, por supuesto reacciona así y, de hecho, debemos felicitarnos hoy en día de que aunque no sea la generalidad, las mujeres en esos trances sí tienen algo más de comprensión e incluso de ayuda, monetaria no, oigan, el presupuesto nacional no da para tanto. Pero en fin, esa es una de las cosas en que creo que la sociedad sí que ha mejorado.

¿Y pues Palestina? Todavía no, es más, está todavía en lo más recio, pero el proceso es el mismo. Ahí la sociedad todavía no ha mejorado lo que se dice nada, de nada, de nada. Sigue tranquilamente su trayectoria hacia peor. La gente quiere vivir sin problemas, quiere vivir sin quejicas. Las quejas se aguantan un par de veces, incluso cien veces. Pero hay un límite. Cuando la mujer resulta que no sale de su situación pues, las cosas como son, empieza a resultar un poco cargante. Oye, que lo resuelva ya de una vez o que se aguante. El día que llega él y la mata de un trastazo, ella ya deja de aguantar pero hasta que llega eso pues se asiste ese gradual proceso de hartazgo paulatino con las cuitas de la señora. ¡Caray, que se divorcie de una vez! o ¡Caray, que lo deje de una vez!

El sentimiento ese de sentirse bueno porque uno se compadece de los males ajenos se va perdiendo a ojos vista y la compasión, como dijimos, va dando paso a la exasperación. ¿Qué ellas no puede separarse porque no tienen donde ir? ¿porque tienen hijos y tienen hipotecas que les tocaría pagar de todas formas y no tienen ingresos y que además está manca de una de las palizas de él y con el hígado dañado? ¡Buh! Eso ya supera la capacidad normal de ponerse en el lugar del otro y echar una o dos manos o más. No, realmente hasta ese punto la gente normal no se siente capaz. No es absoluta maldad, es autodefensa, mezquina, desde luego, pero ahí está el rasero de la mayoría de los seres humanos. La cosa les viene grande.

Y como luego, además, el marido es avispado, simpático, sabe moverse, tiene dinero, tiene muy buenas relaciones… es un triunfador. Oye, ella también tendrá su culpa ¿no? Porque tener que vivir todo el tiempo con una tía amargada que no sabe más que quejarse… ¡También, la que le ha caído…!

Y luego, pues eso, que si te apuntas a defender a la mujer, también te ves en situaciones desagradables de, cuando mejor te lo estás pasando, tener que preocuparte por las caras de pena de ella o las salidas de tono de ella… Bueno, que mejor no meterse. Y los actos sociales pues son los actos sociales. Tampoco puede uno dejar de vivir porque la señora lo esté pasando mal todo el tiempo. Todos lo pasamos mal y desgracias en el mundo las hay a punta de pala.

Donde dije mujer hubiera podido decir Palestina. Sí. Es eso. Palestina ya es un tema muy visto, unas penas muy vistas y uno ya está harto, como si fueran los únicos que lo pasan mal en el mundo. Y llega un punto en que tampoco vas a renunciar a todo ¿no? ¿Por qué, a ver, no voy a poder ir yo a un concierto de fulana o de mengano porque o bien son israelíes o porque resulta que actúan en Israel? Uno se aleja de las penas. Uno no quiere pringarse la vida de penas. Uno no es Dios para resolver todos los problemas. Y hay que seguir viviendo y, oye, que ella también ponga algo de su parte.

Sin embargo, a ella el maridito no le ha dejado ya partes que poner. El maridito la ha anulado, la ha convertido en una piltrafa. ¿Por qué esa piltrafa se obstina en vivir? ¿Por qué esa piltrafa no deja ya de fastidiar a todos y hace mutis por el foro y se larga o se calla, tanto quejarse, tanto quejarse? Y cuando a uno alguien lo importuna hablando de ella o de lo desgraciadita que es ella, uno se siente mal. Trata de ignorar esos comentarios o empieza hablar de otra cosa porque sencillamente no se va a enzarzar ya más en ese tema. Y si sigue todavía más tiempo, a lo mejor incluso, para evitar cualquier sentimiento de culpa, a los que pocas personas escapan siempre, pues adopta la postura de decir que bueno, que muy bien, pero que ella tampoco es tan inocente. Mira con la gente con quien se junta, mira los problemas que da…

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Rachel Corrie, asesinada el 16 de marzo de 2003 por un bulldozer israelí, tratando de evitar el derribo de un hogar palestino. Dios la tenga en Su intimidad

Mujer apaleada, Palestina. ¡Qué culpa tan grande y qué cansancio tan grande y qué calvario y qué martirio! Estáis solas. Sí, solas. Bueno, no, no exactamente. Quedan, quedan todavía, los locos esos a quienes les importáis y que ellos, a su vez, no importan un comino a nadie. Nada más fastidian su poquito con sus tonterías pero, en fin, ya nadie les hace ni caso.

Mujer apaleada, Palestina, te quiero. Y sé en el corazón que resucitarás, resucitarás, mujer apaleada, Palestina. Porque donde otros se hunden a la primera, tú no te has rendido. Has sobrellevado tu amargura, tu martirio, tu calvario y sigues, sigues. Y muchos no te entienden. No entienden que tu dignidad de mujer, de matria, te exige perdurar, te exige seguir siendo, porque tú no eres basura, eres mujer, eres madre, eres matria, significas y el mundo no sería sin ti el mundo que es y Dios, en su infinita bondad os ha hecho.

No digáis de quienes han sido muertos en la causa de Dios: “están muertos”. No, viven aunque no lo percibáis.

Mujer apaleada, Palestina, que Dios te dé las flores, la gloria, el consuelo, la bondad, la recompensa, el resarcimiento por tu paciencia y dignidad, por tu perseverancia, ser humano, madre, hermana, hermano, padre… ser humano. ¡Que Dios te dé y nos lo dé a todos el descanso y que seas un día la imagen de la justicia y de la gloria, mujer apaleada, Palestina!

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