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Palestina, un faro en nuestro tiempo

No, no estoy atribuyendo virtudes especiales a nada ni a nadie por obra de su nombre o su nacimiento. Con ese título que he puesto me refiero a la función que, independientemente de los motivos o de los deseos de cualquiera, representa,de hecho, la causa palestina. Creo que la causa palestina es un punto en el confluimos personas de todos los colores, de todas las creencias, de todas las razas, nacionalidades y culturas para darnos la satisfacción de vocear nuestra convicción en que la justicia y la verdad son cosas en las que todos los seres humanos sentimos igual y entendemos igual.

No significa por supuesto que sea la única manera de demostrar eso. El mundo y cada rinconcito de él rebosan de causas nobles y humanas dignas de apoyo y participación y que debiéramos hacer nuestras sin más. Entonces ¿qué tiene de particular la causa palestina?

Como las aguas de un río caudaloso que arrastrara toda clase de sedimentos y deshechos arrebatados por las aguas a las tierras que recorre y que al llegar a una angostura formara el gran remolino en el que todo lo arrastrado se confunde y revuelve,ese es el caso de Palestina: una confluencia de todos los vicios políticos, jurídicos, históricos y militares que se aúnan para despojar y liquidara una gente y engañar a todo el mundo como si esa operación fuese de los más lógica y virtuosa. La ambición imperial clavó en Palestina su colmillo para llevar el caos y domar a toda una región del mundo de forma que nunca pueda levantar cabeza.

La creación de una patria judía en Palestina… bonito pretexto, señores, y bonito señuelo. ¿Cuántos están convencidos de que los malos de este mundo son los judíos? Ahora el malo de moda, está claro, no son los judíos sino los musulmanes pero cuando no son los musulmanes ¿cuántos siguen señalando a los judíos? Lo cierto es que los judíos, según se dice,desde la destrucción de Jerusalén por los romanos, llevan muchos siglos dispersos por todo el mundo aunque es muy cierto queya antes también estaban por todas partes, lo mismo que otros, como los griegos o losfenicios. Pero,  a lo que vamos,en todos esos siglos que llevan los judíos dispersos por el mundo ¿cuántas veces se le ha ocurrido a ninguno de ellos decir que tienen que tener un país para ellos solos y precisamente en Palestina? Siempre esos mismos judíos han tenido a Jerusalén como ciudad santa y han querido viajar allí, pero nunca han pretendido ni instalarse allí definitivamente ni mucho menos apoderarse del país y apropiárselo.

Es decir, en este empeño de “recuperar” una patria judía, los judíos no han mostrado jamás ni interés ni iniciativa ninguna. Es posible que escarbando en los legajos de la historia, se encuentre algún caso de alguien que pariera semejante idea, pero el silencio y la indiferencia judía a tal rareza no han podido ser más atronadores y no habrá sido eso porque a lo largo de todos esos siglos no se haya perseguido a los judíos en la santa Europa. Pero, aun así, se iban de un lugar a otro pero en ningún caso mostraron deseos o interés en irse a Palestina (ni a ninguna otra parte) para hacerse una patria para ellos solitos.

Mas hete aquí que,en plena expansión del imperio británico en pos del dominio de los pocos sitios de los que aún le faltaba apoderarse, los sagaces políticos al servicio de Su Graciosa Majestad, tanemprendedores ellos, encuentran casi una varita mágica y ese casi lo van a suplir,como siempre, con su capacidad de infiltrarse y generar movimientos por todas partes. Así, en 1841 y en un caldo ya instaurado en la sociedad británica gracias a lo que se llama resurgimiento protestante, con su consiguiente sacralización de las aventuras que se narran en la Biblia, el eminente miembro del Parlamento  Lord Shaftesbury escribió un Memorandum a los monarcas protestantes de Europa para la reinstauración de los judíos en Palestina, Memorandum que se publicó en el Colonial Times. (¡Cosa linda ¿verdad? un periódico colonial!)

Y con esa arma de colonización del Medio Oriente consistente en sembrar allí un ente extraño, formado por judíos europeos eimbuido de todos los complejos coloniales de Europa, el imperio británico fue moviendo todos sus peones. Cierto que en ese entonces Palestina y toda esa parte de Asia estaba en manos de los turcos. Pero los turcos ya se tambaleaban y eran esa fruta madura que termina cayendo cuando quien la espera sabe menear bien el árbol para que caiga y, así, en la guerra del 14, el imperio británico se hizo con Palestina y con mucho más, pero evidentemente, sería alarmar demasiado abarcar todo ese “mucho más” para dárselo también a los “judíos”. No, cada cosa a su tiempo y en su medida y, así, 1917 fue el tiempo de la Declaración Balfour, por la que el Imperio Británico se comprometía a crearun “hogar judío” en Palestina. Con esta comedida denominación de “hogar judío” se velaba la puñalada trapera con la que no se quería asustar antes de tiempo.

Y, vamos a ver ¿qué es “un hogar judío”? se podría preguntar alguien. Pues “un hogar judío” es como las tripas de Jorge, se encogerá y se estirará aplacer según el foro y las circunstancias y según con quién se negocie pero seguro que no sonaba tan alarmante como hablar de un Estado con todas las de la ley.

Y si 1917 fue el tiempo de la declaración Balfour, la masa empieza a hincharse y se parece ya cada vez más a una hogaza de pan con la intervención de la Sociedad de Naciones en 1922 cuando le otorga al Imperio Británico el mandato sobre Palestina, dizque para luego darle la independencia. Pero los británicos hicieron algo mejor, se lo quitaron a los palestinos y lo destinaron al “hogar judío” que se estira y se encoge, aunque con mucho disimulo y subterfugio para la galería eso sí.

¡Qué bien! Europa se libra de los judíos que no quiere y los manda a Palestina donde estos harán de sicarios coloniales y le quitarán al imperio el trabajo de lidiar con esos correosos árabes que encima están en los sitios con más productos de museo, que no deberían ser de ellos sino de los cultos y cultivados europeos!

Es un arte del Imperio Británico y de los de su estilo el ir sembrando conflictos por doquier. Ahí tenemos, por ejemplo, Chipre, casi a un tiro de piedra de Palestina. Y además que los crea a conciencia. Si no estallan todos los que ha creado es porque a veces la gente es mejor de lo que nos imaginamos.

Pero sigamos con Palestina y su “conflicto”. Ya ven ustedes, una mera operación colonial que no debiera haber dado demasiados quebraderos de cabeza, puesto que ya antes de eso el Imperio era ducho en mover poblaciones de un sitio para otro y crear y deshacer patrias a conveniencia.  Si la Primera Guerra Mundial le sirvió al Imperio el primer plato de su comilona del Oriente Medio, la Segunda le sirvió ya el plato fuerte. Ahí iba ya a quedar instalado de derecho un estado fundamentado en unos renglones de un libro religioso en el que se dice que Dios, como si fuera chanchullero agente inmobiliario, les promete a una gente una tierraque era de otros y eso sin concretar los límites ni otras cosillas, que eso de los límites es un engorro y le resta a uno capacidad de maniobra. Los límites ya los fijará el que se quede con todo.

Esa gente a la que hace miles de años se les prometió una tierra, no sabemos quiénes serían a día de hoy, pero sí sabemos que los británicos ya habían decidido que esa gente iban a ser los judíos europeos que tan bien les venían ahora para esa operación. No serían, no, claro está, la gente que llevaba habitando esas tierras desde tiempos inmemoriales, independientemente de la religión que hubieran adoptado o desadoptado a lo largo de los siglos, ni tampoco otros judíos de Oriente que seguían en Oriente y no se habían apuntado a eso de hacer del Dios que veneraban un agente inmobiliario chanchullero, faltaría más. Y, si para la bendición del primer plato se contó con la bendición de nuestra señora Sociedad de Naciones, el segundo lo bendijo nuestra señora Organización de las Naciones Unidas, que con inmensa desvergüenza y atropellando su maravillosa Carta y atropellando todo derecho internacional, votó la partición de Palestina y,con un aparato y protocolo seudolegales, de manera hipócrita, ilegal e ilícita, robó su tierra a la población de palestina y se la entregó a los sicarios coloniales europeos so capa de “hogar para los judíos”.

Al Imperio no le salió entonces la operación exactamente como quería pero le está saliendo ahora. Entonces creyó que sería cosa de poco tiempo y que los palestinos asumirían su desgracia como el ganado que somos todos los seres humanos pero resultó que no, que los árabes se averiguaron más duros de lo esperado. Pero calma, un retraso, finalmente, tampoco es nada cuando uno tiene muy claro cuál es la meta.

Bien, ahora, después de 1967,cuando Israel invadió Egipto y Siria,  estamos saboreando el postre de la comilona planeada más de un siglo antes. El engendro imperial Israel, a estas alturas ya con la panza llena y la soberbia por las nubes, se recrea devorando por el mero placer. Los palestinos son caza y ganado para el señor que suelta sus tanques y sus avioncitos y sus soldaditos y machaca que te machaca mientras nuestra señora Organización de las Naciones Unidas no está ya para ocuparse del rollito palestino que ya lleva durando demasiado tiempo. Todo el mundo se pregunta por qué no desaparecen ya los palestinos y le dejan el sitio libre a otros desgraciados del día que serán despojados y humillados y a su vez se olvidarán, como debe ser.

Y aquí es donde yo digo, gracias Palestina. Para los imperiales has sido un retraso, solo un retraso pero para todos los demás has sido un tiempo de respiro, de meditación de caer en la cuenta de qué es a lo que nos enfrentamos o aquello de lo que no queremos enterarnos porque no nos queremos ni imaginar que tengamos que hacerle frente. Gracias, Palestina, por haber llegado a los postres y aún saberle amargo al monstruo que os devora. Sí, mucha gente a la que le han hecho lo mismo que a vosotros, o por lo menos, bastantes monstruosidades, no pudieron con ellos y han desaparecido. Ya no hay,pues, solidaridad, compasión, sentido del deber que pueda ampararlos. Pero vosotros seguís ahí. No os queréis ir. Seguís empeñados en que merecéis y queréis vivir. Seguís emperrados en que a lo que no hay derecho no se os va a hacer darle el visto bueno. Sois la afirmación de que se puede resistir a la barbarie, de que la paciencia redime, de que si eres humano, luchas y no te dejas eliminar, aunque el sufrimiento sea más allá de lo llevadero.

Por eso Palestina, eres una luz a cuyos destellos se agrupan quienes creen todavía en la dignidad y la libertad humanas, en que el derecho es el derecho y que por mucho que se quebrante sigue siéndolo. Aunque todos los planificadores imperiales se empeñen en encizañar y disfrazar de conflicto religioso o étnico o, todavía más desvergonzado, histórico, lo que ha sido vuestro despojo y el robo y genocidio que se está cometiendo contra vosotros, sois el punto de congregación de quienes aspiran a un mundo en el que se respete el derecho, se respete a la gente y se la deje en paz.

Seguid, por favor, estorbando los planes imperiales, seguid creyendo y sabiendo que son muchos los que están con vosotros de corazón aunque sean tan impotentes como vosotros. Seguid estando seguros de que la verdad no se negocia ni se rebaja de precio. No estáis en competencia con la desgracia de otras gentes u otras víctimas. No. Vosotros sois la certeza de que ninguna víctima debe aceptar ese papel, de que no se debe atropellar ningún derecho, de que las personas podemos unirnos por la justicia y la verdad por muchos camelos que se nos cuenten y por mucho que se disfracen la maldad y el atropello.

¡Viva Palestina viva! ¡Viva la lucha de los justos! ¡Viva la unidad entre los hombres y los pueblos de buena voluntad!

Fin

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