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Pobres pero honrados

Divagando como me suele acontecer y con la memoria puesta en nuetros antecesores recientes y no tan recientes, me templa el corazón recordar cómo llamaban nuestros antepasados moriscos al libro revelado. Lo llamaban siempre honrado Alcorán. ¡Y qué hermosa expresión y denominación es ésa! ¿Hay algo más diáfano y apaciguador que ser honrado? ¿Ser uno mismo persona honrada y honrar a quienes merecen serlo?

Sin retroceder hasta los moriscos, Dios los haya amparado, muchos españoles aún recordamos, de haberla vivido, una época no tan lejana en la que la expresión “pobre pero honrado” tenía un valor real. El pobre pero honrado tenía respeto y conciencia de su propia valía como persona. Sin importar sus haberes, tenía conciencia de su condición humana por encima de las posesiones y el éxito. La honradez representaba más que el éxito y esa escala de valores, si no seguida por todos, si se consideraba que debiera ser respetada por todos.

¿Y hoy? Hoy el Alcorán sigue siendo el honrado Alcorán y, honradamente, nos dice esto:

“Al-Insan (El hombre)

Los realmente virtuosos son los que cumplen sus compromisos, y temen un Día cuyo mal se extenderá por todas partes, (7) y proveen de comida- sin importar cuan necesitados estén de ella- al necesitado, al huérfano y al cautivo (8) diciendo, en sus corazones: “¡Os damos de comer sólo por amor a Dios: no queremos de vosotros ni recompensa ni gratitud: (9) ciertamente, tenemos el juicio de nuestro Sustentador en un Día angustioso, fatídico!” (10) Por ello, Dios les preservará del mal de ese Día, y les concederá resplandor y alegría, (11)”

¿No ha llegado quizás la hora de que nos preguntemos, de veras, qué nos importa más si la honradez o el éxito? En lo que se avecina, en que tantos españoles nos veremos en la pobreza ¿vamos a seguir considerando la honradez como propia de tontos y a castigarnos por no tener éxito y a castigar a nuestros vecinos por ser unos cutres que no pueden tener esto y aquello, que no se pueden pagar un club de fitness o un colegio no público o irse a Tailandia de vacaciones, hacerse un circuito o comprar a los niños el último jueguecito?

Los musulmanes ¿qué vamos a hacer? La pobreza alcanzará a toda la población. ¿Vamos a estar a la espera de que alguien, esta sociedad, que creíamos rica para los restos, nos resuelva problemas, nos dé aquello a lo que creíamos que podíamos y debíamos aspirar, o vamos, por el contrario, a honrar al honrado Alcorán y a abrazar con humildad y dignidad la divisa de “pobre pero honrado”? El no ser honrados no nos hará ricos (o hará ricos a muy, muy pocos), si es que lo material y el éxito y las posesiones nos importan tanto. En cambio la pobreza, con un corazón en paz, tal vez nos de algo que no da la riqueza y que siempre estará al alcance de la mano.

Pensémonos una vez más como moriscos, o sea, como personas que vamos a morir, que nos iremos, y reivindiquemos a nuestros antepasados, a todos ellos, cualesquiera fuesen su religión o convicciones, recordémoslos con lo mejor de ellos, con su fe en que la conducta honrada es lo que hace que las personas merezcan ser honradas.

Neguémonos a rendir honores al éxito mundano, a las posesiones, al dinero, y volvamos a aquello tan entrañable, tan cercano y tan sencillo como es la honradez, el honrar padre y madre, el honrar al pobre pero honrado como si todos fuesen nuestro padre o nuestra madre.

Nos lo debemos, nos lo debemos quienes creemos en el honrado Alcorán, nos lo debemos todos los seres humanos, nos lo debemos todos los españoles unos a otros porque nuestros padres nos trajeron al mundo, creyeran lo que creyeran, para que un día honráramos su memoria y para que otros más tarde puedan honrar la nuestra.

En estos momentos difíciles, pensemos los musulmanes españoles qué es lo que vamos a brindar a nuestro país. Ricos no somos ni es necesario que lo seamos, pero podemos pensar en ayudar, en sostener a los demás, en portarnos con respeto y desprendimiento con los más cruelmente tratados por la situación.

Pensémonos, queramos ser como esos a los que el honrado Alcorán considera virtuosos. Queramos que a nosotros, a semejanza del honrado Alcorán, también se nos quiera llamar honrados antes que cualquier otra cosa. Eso es lo que nos llevará sin duda a la paz en este mundo y en el otro y hará que los demás también nos quieran honrar.

Aportemos nosotros, junto con los demás españoles, la fe en que el ser humano sigue siendo digno y puede llevar la cabeza alta también sin éxito y sin dinero. Demos nuestro respeto y homenaje a quienes solo tienen su honradez como recomendación y aportemos nuestra ayuda a todos aquellos que se ven en tantos aprietos para seguir siendo honrados y buenos. Honremos a nuestros conciudadanos y seamos honrados nosotros mismos. Esforcémonos por crear riqueza en beneficio de todos, sí, y sobre todo por compartir lo que nosotros podamos alcanzar.

Que Dios piadoso nos dé fe para optar por lo más honrado y dar gracias por la situación en la que estamos porque, a través de ella, vendrán, sin duda, muchas bendiciones, hace falta que las queramos atrapar y verlas como oportunidad y no como condena. ¡Ojalá!

¡Alabado sean sus nombres!

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