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¿Sueño o tentativa de sacrificio?

Reflexión:

Azora 37 As-Saffaat

Lo que precede es el texto original del honrado Alcorán en el que se relata el suceso que se conoce en la tradición cristiana como el Sacrificio de Abrahán y una traducción de ese texto al castellano.

En los párrafos siguientes se hacen unas reflexiones sobre el texto coránico y la ideas preconcebidas al respecto. Pero, además, para quienes gusten también de un poquito de desenfado en la reflexión remito a Lo último del leguleyo sabueso: El caso del patriarca sacrificador, en el que, en forma de cuento detectivesco-judicial se examinan los pormenores del caso, confío en que con respeto y alguna gracia, como merecen dos profetas rebosantes de bondad y cariño y un poco angustiados ante la tarea de sacrificar un sueño. Dios los bendiga y nos haga tan entrañables como a ellos.

Sabido es que en la tradición islámica hay opiniones para todos los gustos sobre cualquier tema y éste no es excepción. Se tiene este episodio por ser el mismo que se narra en la Biblia y, en la tradición popular entre los musulmanes, de hecho, casi se refleja C por B la narración bíblica y no la coránica, por más que, conforme a esa tradición popular, con todos sus festejos, se tenga el convencimiento de que ese relato bíblico está en el honrado Alcorán. Sin embargo, a poco que se lean las aleyas del honrado Alcorán en las que se narra lo que creen que es el mismo acontecimiento, se advierte que lo que se dice en ellas y la creencia popular son como la líneas paralelas, que ni se encuentran ni se pueden encontrar. A eso hay que añadir que el “sacrificio de Abrahán” suscita entre los musulmanes (y entre los que no lo son) pensantes o inquietos preguntas de índole moral nada desdeñables, por ejemplo, si moralmente es concebible que Dios, que prohibe matar, mande a alguien matar a su hijo.

Yo no voy a entrar en comparaciones ni en dictaminar sobre la Biblia. Seguro que hay personas competentes para eso que sabrán dar coherencia a sus lecturas con los credos que honradamente sigan. Como creyente en la autenticidad y fidelidad del honrado Alcorán, lo que a mí en estas líneas me interesa es saber qué dice exactamente de este tema el honrado Alcorán y si hay justificación alguna en él para las creencias populares al respecto. Voy con ello pues.

Para empezar, algunas observaciones generales:

1) Aunque en la Biblia, que yo recuerde, sí se habla en alguna ocasión de sacrificios humanos a Dios o a los ídolos, en el honrado Alcorán no sale absolutamente nada de ese cariz ni por descuido. Y hete aquí que, como caído del cielo, de repente a un siervo virtuoso de Dios, éste le ordena: ¡Hale, sacrifícame a tu hijo! Me pregunto que hubiera sentido Ibrahim de tener una aparición o visión semejante. Probablemente que algo diabólico lo quería tentar a pensamientos estrafalarios.

2) A diferencia de los sacrificios humanos, de lo que sí se habla en el honrado Alcorán es de sueños de inspiración divina. Tenemos además que Dios envía a mensajeros a quien quiere y de hecho sí envió mensajeros a Ibrahim y a su mujer, ya muy mayores, anunciándoles que tendrían un hijo bueno. En este suceso “del sacrificio” de lo que sí que habla el honrado Alcorán es de sueños: Ibrahim ve en sueños que sacrifica a su hijo. Procede aclarar aquí que eso es lo que sueña Ibrahim pero que ni siquiera en sueños nadie le dice que sacrifique a su hijo. En los sueños que dice Ibrahim que tiene no se dice que Dios ordene nada por ningún lado. Por otra parte, la forma verbal en que se formula es la de acción inacabada: “veo en sueños”, lo que da idea de que no es que tuviera un sueño, sino de que es un sueño que tiene las veces que sea, pero que no es algo que haya sucedido una vez y  que ya haya terminado.

3) Que los sueños se interpretan y no literalmente no es algo que la humanidad tuviera que esperar a que apareciera Sigmund Freud para saberlo. En todas las sociedades se han interpretado o se ha tratado de interpretar los sueños. Se hace en la Biblia y se hace en el honrado Alcorán. ¿Cómo se le puede ocurrir a nadie, que así, sin interpretación ninguna, un buen hombre, de buenas a primeras, sin vivir en una sociedad en la que se dieran los sacrificios humanos, se dijera “pues nada, que lo tengo que matar”? Lo coherente es que tratara de interpretar el sueño y, sensato que es, según nos narra el honrado Alcorán, a quien se dirige precisamente es a quien tiene más cerca y le concierne más el sueño, es decir, a su buen hijo, a quien le pregunta qué le parece. Y el hijo le dice que haga lo que se le ordene, que verá que él es paciente.

“Paciente” no parece el calificativo más apropiado para la actitud de alguien a quien le va a degollar su padre en cumplimiento de una orden. Que se hable de entereza o de valentía o de temple parece más acorde. La paciencia hace pensar más en tribulaciones a lo largo del tiempo y no en algo brutal y de golpe. O sea, la idea del hijo parece ser que es que la cosa va para largo y que no se preocupe su padre que él no se va a rajar ni a quejar.

Por favor, léase el texto del honrado Alcorán y véase también si en el padre o en el hijo se advierte una actitud como la del que se ve en un trance de tamaña brutalidad, física y emocional. ¡Caray, que no se degüella a un hijo del alma como quien casca una nuez! Por lo menos tendrían que tener un sofoco de padre y muy señor mío, estarían llorando y abrazados y bueno… con un duelo de órdago. Pero leyendo el texto la impresión que se saca es de que están los dos como conjeturando a ver qué es lo que pueden o tienen que hacer para desentrañar el sueño.

4) En el honrado Alcorán no se dice ni hay mención ninguna de que Ibrahim tuviera consigo ningún cuchillo ni tampoco de que llevara al muchacho al campo ni nada de eso.

5) Tampoco se dice que se hiciera sacrificio sangriento alguno después de que Dios indicara a Ibrahim que había concluido la prueba. No se habla ni de oveja ni de carnero ni de animal ninguno.

6) Extraña, si se cree que se trataba de matarlo, que en el honrado Alcorán se indique que Dios mandó a Sus mensajeros a anunciar a la mujer de Ibrahim el nacimiento de un hijo en su ancianidad pero que a la hora de sacrificarlo a ella no le anunciara nada. Por otra parte, pensar que lo que haga el padre sin decirle nada a ella y que él piense que luego se encuentre ella ante el hecho consumado resulta tan truculento que ya hay que pensar, ya.

Resumiendo: En ningún momento se da idea de que a Ibrahim se le pasara siquiera por la cabeza que Dios quería que matase a su hijo, porque Dios, en el honrado Alcorán al menos, lo prohíbe. Lo que parecía ocuparlo era interpretar ese sueño, puesto que él lo sentía como cargado de significado. Y, siervo buenísimo de Dios que era, quería que, fuera lo que fuera lo que quisiera decir, él lo cumpliese. Pero yo no concibo esa tranquilidad en un buen hombre real pensando que tiene él, con sus manos, que matar a su hijo, y que, vaya, que es Dios el que prohíbe matar y que se le sacrifiquen personas y luego sale con esas…

Pues para eso vamos a seguir también a padre e hijo, que parece que resolvieron la adivinanza puesto que Dios les dice que Ibrahim ya había cumplido y superado la prueba. Vayamos al texto:

Después de que Ismael dijera lo que sería paciente ¿qué es lo que hacen?:

Exactamente: Ambos “aslamaa”, es decir, ambos se sometieron, se entregaron, se proclamaron siervos de Dios, se pusieron en Sus manos y sólo en Sus manos. Este “aslamaa” es el verbo del que la palabra “islam” es el nombre verbal. Y, como era Ibrahim el que sacrificaba, hace a su hijo postrarse, igual que se postraba él mismo, como nos postramos todos y no nos postramos ante nadie más. Sólo ante Él, ante nuestro Íntimo Interminable Inabarcable Dueño, el que no nos abandona ningún instante de nuestra vida, creamos lo que creamos. Ése es el gran sacrificio que todos tenemos que hacer con nosotros mismos y después con nuestros hijos. No son nuestros y lo mejor que podemos querer para ellos es que sean de Dios, de nadie, de nadie más. Y después de eso, Dios le dice a Ibrahim: Ya está, esto es lo que quería, el magnífico sacrificio que esperaba de ti- y que espera de todos los seres humanos para que volvamos a Él por el camino más glorioso y que por eso nos relata esta peripecia en el honrado Alcorán, para que entendamos, para que no suframos por nuestros hijos ni por nosotros mismos más de la cuenta porque, como ya se dice en uno de los evangelios, quien quiera salvar su alma la perderá, y quien se sacrifica, se encuentra.

Algo que a mí me ha tocado especialmente este episodio es eso que sucede a veces con el honrado Alcorán y que te pone a las personas tan cerca que casi podrías estar hablando con ellas. Este Ibrahim, llamando “mi hijito”, en diminutivo, a su vástago y consultándolo…¡Qué lejos del tremendismo que se asocia muchas veces a los temas bíblicos y sobre todo a éste! A mí, la pareja, en su sencillez y perplejidad, me resulta conmovedora.

 

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